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20 de agosto de 2010

DESCODIFICANDO " LA INVENCIÓN DE MOREL"



Adolfo Bioy Casares (1914 - 1999)


                      Arte está firmado: Norah. Debe ser la hermana de  Borges.



A finales del siglo XX le escribí una carta a Adolfo Bioy Casares, el estupendo novelista y cuentista argentino, autor de la novela La invención de Morel. No le envié un correo electrónico porque desconocía la dirección y no tardé en suponer que don Adolfo en su octava década de vida -con toda seguridad- no tenía un Email o un Emilio (como lo llaman los españoles) y menos una computadora. Es que su generación con gran elegancia se retiró de la escena de la vida sin traicionar a la máquina de escribir.

Pero volvamos a mi epístola. En ella tuve la osadía de decirle que yo creía conocer el verdadero significado del título de su novela y en especial de la palabra Morel. Asimismo, le manifesté que discrepaba de su amigo, el genial Jorge Luis Borges cuando en el prólogo de la novela despacha con velocidad: “La invención de Morel (cuyo título alude filialmente a otro inventor isleño, a Moreau..." En la cita, Borges se está refiriendo a la novela "La isla del doctor Moreau" de H.G. Welles.

Dicho lo anterior, procederé a exponer mi teoría:

Desde siempre he sido un convencido que los escritores inteligentes (¡Y vaya que Bioy Casares era inteligente!) siempre han estado en control de sus obras, que en ellas nada está dejado a la casualidad o a la coincidencia; especialmente cuando llega el momento de poner o ratificar el título de la obra que acaban de concluir o cuando asignan nombres a sus personajes principales. Creo que en la literatura los personajes son o no son sus nombres. Es decir, actúan o no actúan conforme el significado de sus nombres y Morel, a mi parecer, responde a la primera posibilidad.

El título de una obra -de una novela en este caso- es fundamental para el escritor. Es el nombre de su hijo, el apelativo que llevará el producto de su imaginación y el escritor siempre está en guardia de escoger uno que impondrá respeto o, cuando menos, curiosidad en los lectores. En todo momento el autor superior evita poner un nombre soso y menos uno que pueda ser calificado de ridículo o insuficiente. 

Opino que escritores de la calidad de Adolfo Bioy Casares son seducidos por la posibilidad de inventar un nombre enigmático, indescifrable, aun al precio de llevarse el secreto a la tumba. Y de todas las novelas que escribió, La invención de Morel es la que encierra mayor enigma para el lector perspicaz.

Pero, ¿por qué Bioy Casares tituló su novela: La invención de Morel? Por que no la llamó La invención de Mercier o La invención de Maréchal? Los tres son apellidos franceses. ¿Por qué? ¿Por qué le puso Morel? 

No entraré en el tema de la novela. Para los que aún no la han leído les reservo ese deleite personal. Para los demás, propongo que el vocablo Morel es un anagrama, es decir, la transformación de una palabra en otra por la transposición de sus letras: de Le mor a Morel. Téngase presente el título de la obra de Thomas Malory: “Le Morte d´Arthur”, es decir “La muerte de Arturo.” 

Por todo lo anterior y atendiendo que en el relato de Bioy el invento es una máquina que logra una supuesta inmortalidad me atrevo a sugerir que la premisa de la obra y su verdadero título es: La invención contra la Muerte.

Mi carta nunca mereció respuesta. Bioy Casares estaba delicado de salud al momento que le debió llegar. Nunca sabré si él compartía mi teoría. Tampoco sabré si él y Borges se pusieron de acuerdo en ocultar el significado. Supongo que tendré que esperar la fecha que me sea permitido ingresar de visita a la Biblioteca de Alejandría donde los dos amigos despachan a diario, hasta la consumación de los siglos.