La Academia Sueca
El próximo 10 de diciembre del año 2010, en Estocolmo, Suecia, el destacado escritor peruano, Mario Vargas Llosa, vestido de flamante frac, pronunciará el discurso más importante de su vida. En presencia de Su Majestad, Carlos XVI Gustavo, rey de Suecia, y de representantes de la aristocracia del talento , dirá su palabra.
Pero, ¿qué dirá? Los que no presenciaremos la emotiva ceremonia tenemos la enorme expectativa de leer el discurso en los periódicos del día siguiente. ¿Será frío? ¿Será lacónico? ¿Será incendiario? ¿Será producto de su cerebro o de su corazón? ¿Hablará de los pobres, de los excluidos o quizás hablará de la importancia de la literatura? Tal vez hable de ambas cosas o quizás de ninguna.
lo cierto es que Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de literatura 2010, debe estar pasando el momento más angustioso de su vida. Cómo lograr dormir cuando sabe que la humanidad espera su palabra. Esta es su oportunidad para inspirar el cambio, cualquiera que sea. ¿Se le escapará entre las manos? ¿Estará a la altura de las circunstancias? ¿Su discurso será recordado o será olvidado como los de Faulkner y Hemingway? ¿Querrá Vargas Llosa lograr lo que otros no lograron? Desde luego que sí.
En la oscuridad de la noche nuevayorquina mientras todos duermen, Mario Vargas Llosa mira por los ventanales a los rascacielos, consciente que se aproxima su finest moment y que para salir victorioso deberá concentrar sus cinco sentidos y producir un excelente discurso. Tal vez piense: “Todo sería más fácil si me hubieran dado el premio hace veinte años y no cuando estoy a meses de cumplir setenta y cinco.” De joven todo es más fácil.
Hace muchos años, el joven Vargas Llosa era un desconocido que viajaba por primera vez a Europa, con unas cuantas prendas en la maleta, prestada o regalada tal vez (porque Vargas Llosa sí mordió el duro pan de la pobreza), lleno de ilusiones y con el ferviente deseo de conocer a su héroe de entonces, Jean Paul Sartre.
Jean Paul Sartre, ganador del Premio Nobel 1964, se rehusó a recibir el premio arguyendo que este tenía color político y que aceptarlo significaría la limitación de su libertad que tan ardorosamente había defendido toda su vida.
Tal vez esa no fue la única o verdadera razón. Quizá Sartre temía pararse ante la Academia Sueca y pronunciar un discurso que no estaría a la altura del genio que muchos le atribuían.
Cuarenta y seis años después de aquel desaire (tres generaciones según Ortega y Gasset) el joven -cariñosamente apodado “el valiente sartrecillo” por sus compañeros de la Universidad de San Marcos en alusión a su admiración por Sartre - se parará y pronunciará un discurso, el cual no dudamos constituirá la pieza más original e importante de toda su producción como escritor y ser humano.
Esa noche Mario Vargas Llosa estará flanqueado por las Musas y su discurso será magistral, pues le brotará del corazón. Nosotros, los más de trescientos millones de habitantes que hablamos el idioma de don Miguel de Cervantes, desde ya le deseamos éxito. Y nuestro sentimiento también es auténtico, porque igualmente nos brota del corazón.