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24 de octubre de 2009

NOVELA - " LA VIRTUD DE ALEXANDRA" DE GONZALO MARIÁTEGUI


Texto correspondiente al inicio de la novela erótica "La virtud de Alexandra" (Lima, 2003) de Gonzalo Mariátegui.



Mi nombre es Alexandra, Alexandra Collado. Mis amistades me llaman Alex. Soy lesbiana. Sí, ha leído correcto. ¿Por qué habría de esconder mi real naturaleza? Sería ridículo. He sido lesbiana desde mi más tierna infancia; lo cual no significa que en el curso de mi vida no haya tenido trato carnal con hombres y que no haya derivado placer de la cópula con ellos. Por el contrario, he disfrutado de interesantes episodios, pero pocos han quedado en mi memoria.

También puedo afirmar que jamás he recibido de algún hombre una palabra de queja o un gesto de desilusión. Siempre me han encontrado más hembra que cualquiera de las que han conocido en la llamada relación heterosexual. Mis cópulas con varones han sido infrecuentes y rara vez buscadas por mí. Ante sus intentos de seducción siempre me las he arreglado para quitarles el cuerpo. Es que, en cuanto a hombres, yo no soy trofeo, soy rival.

Por naturaleza y vocación soy lesbiana y el hecho de haber tenido eventuales encuentros amorosos con hombres no me hace sentir bisexual en absoluto. Repito, soy lesbiana y si alguna vez me toca compartir una isla abandonada con la sola compañía de otra mujer, desde ahora considero aquella situación como sinónima de la felicidad perfecta; especialmente si tengo que conquistarla, engañarla y sutilmente lograr que acepte adherirse a mi elección por su libre albedrío. Pero si a pesar de todas mis caricias, lamentos, ruegos y encantos aún se resiste, entonces la tomaré a la fuerza con mayor furia de la que despliegan los hombres para imponer sus protervos apetitos. Desde luego la deseada terminará por abrazar mi propuesta, pues nadie mejor que una mujer sabe lo que otra mujer quiere y requiere.

Sin vacilación puedo afirmar que siempre he alcanzado mayor goce sexual cuando he entregado mi intimidad a otra persona de mi propio sexo y que para conquistar a la mujer que se me antoje, no me detengo ante ningún escrúpulo, pues en todo momento estoy dispuesta a recurrir a cualquier ardid o a soportar cualquier sacrificio, aunque esto signifique ponerme a riesgo. Total, ¿qué es más importante que el triunfo?

Lo que sigue es primordialmente mi historia y en buena medida la de mi familia, y nada de lo que aquí relato me avergüenza. Tal vez porque el dinero me ha salvado de cualquier turbación de ánimo cuando he efectuado lo que la gente minúscula califica de conducta inmoral, depravada, contranatural.

Pero comencemos por el inicio, que siempre es el mejor lugar, por las raíces que precedieron mi existencia, para luego seguir por el ambiente de opulencia en que crecí, me desenvolví como adulta, así como la corte de amistades que alegró mi vida hasta llegar al momento en que desaparecí del circuito social –a los veintiséis años de edad- en el cenit de mi belleza y empuje sexual y cuando todo ya había concluido.

Para lograr mi propósito recurriré a recuerdos, al testimonio que recibí de terceros de toda mi confianza y a la información que he podido extraer del diario del doctor Bruno Bianchi, personaje enigmático y anotador meticuloso de todo lo que ocurría al interior de la familia Collado.

A continuación procederé a relatar los que considero fueron los episodios más interesantes y borrascosos de mi vida y de mi familia. Es inevitable que para el final de este libro ustedes se hayan formado un juicio de mi persona y los míos, así como de las alegrías y las tribulaciones que nos tocó experimentar en el curso de nuestra existencia, teñida de maravillosa e incomparable sexualidad.