1 de agosto de 2010

CUENTO INÉDITO DE JORGE LUIS BORGES








Con carácter de primicia mundial damos a conocer Camino a Alejandría, microrrelato que habría sido escrito por el insigne cuentista, poeta y ensayista argentino, Jorge Luis Borges. 


La manera que este cuento llegó a nuestra redacción es como sigue. En un café de Lima, una señora de unos sesenta años, cuya identidad prefirió no revelar, se acercó a la mesa de nuestro director, Gonzalo Mariátegui Viera Gallo, al observar que leía un libro de Jorge Luis Borges. La señora dijo haber conocido a Borges durante los años setenta del siglo pasado. De inmediato se inició la conversación. 

La desconocida relató que en cierta oportunidad estando Borges en Lima se alojó en un hotel miraflorino donde ella se desempeñaba como camarera, justamente en una de las habitaciones que a ella le correspondía hacer la limpieza. 


Cuando la habitación del escritor quedó desocupada, la camarera, durante la limpieza, encontró debajo la cama el relato titulado Camino a Alejandría, el mismo que se apuró en esconder en su delantal y que recién leyó a su llegada a casa. El temor, sin embargo, a ser descubierta y despedida la llevó a destruir el original, escrito a máquina. Previamente tomó la precaución de memorizarlo y por esta razón la desconocida pudo dictarle a nuestro director el cuento en su integridad, con la fuerza de quien lo lee por primera vez. 


Cuando se le preguntó el motivo que después de tantos años daba a conocer el texto del microrrelato, dijo que Borges había muerto hacía muchos años y no quería tener en su conciencia que ella había negado a la literatura universal la existencia de este cuento. 


En Siete Jeringas no sabemos si este cuento es auténtico de Jorge Luis Borges o no, pues no hemos tenido el original en nuestras manos, pero sí juzgamos nuestro deber darlo a conocer y que sea el público lector el que determine.










                                         CAMINO A ALEJANDRÍA
              (Cuento atribuído a Jorge Luis Borges)


Anoche en la comodidad de mi cama, cuando estaba próximo a quedar dormido, de súbito recordé que aún tenía cosas que hacer, que la jornada aún no había concluido para mí. Con insistencia presioné el timbre junto a mi velador hasta que por fin apareció un mayordomo, elegantemente ataviado, el cual a pesar de resultarme desconocido, amablemente me alcanzaba las prendas que le iba solicitando. Mientras procedía a vestirme, en silencio me reprochaba haber olvidado los compromisos que aún habían quedado pendientes.


El mayordomo me acompañó hasta la puerta y me entregó una correa. Al otro extremo de la misma iba un tigre que hacía las veces de guía. No recuerdo qué distancia caminé durante aquella noche de verano jalado por el potente animal, cuando de pronto éste paró en seco: habíamos llegado al destino. El portón se abrió, entregué el felino a un desconocido y luego fui conducido a un salón que juzgué de enormes dimensiones debido al sonoro eco que producían mis cautas pisadas. Inesperadamente me fue ofrecido un asiento frente a una mesa de mármol que, previamente, con las yemas de mis dedos había juzgado larga y fría. 


Tan pronto tomé asiento me entregaron una gruesa cantidad de tarjetas y se me instruyó que debía fichar las centenas de libros que estaban sobre la mesa para antes del amanecer. Sentí que los latidos de mi corazón aumentaban, yo no deseaba realizar esa tarea. De pronto un grito desesperado emanó de mi garganta. 

- ¡Señor, señor, despierte- me dijo la ama de llaves, alarmada –! Está con pesadilla.

- Sí, sí- respondí, aliviado de haber despertado. 

- ¿Ha sido tan terrible como las de siempre?- preguntó la mujer. 

- Igual, señora. Otra vez soñé que yo, Jorge Luis Borges, era Jorge Luis Borges.






3 comentarios:

  1. Estimado señor Gonzalo Mariátegui,
    Le escribo desde Córdova, he leído su nota en su blog. me parece fantástica su revelación, debería hacerla conocer a otros medios, pienso que sería fabuloso. Yo también soy aficionado a la lectura de nuestro J.L. Borges, no he encontrado otro igualo mejor.
    Que pase usted un buen día.
    Alfredo Begazzo

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  2. Hace poco reflexionaba sobre el libro que quisiera tener de quedar varado en una isla solitaria. Terminé decidiéndome por las obras completas de Jorge Luis Borges. Borges es, sin duda, el intelectual más completo del siglo XX. Además, es fácil de entender y eso no se logra fácilmente. Leerlo es un verdadero deleite. Si alquien merece ser el director de la Biblioteca de Alejandría ese es J.L. Borges.Tal vez algún día podremos visitarlo, amigo Begazzo.

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  3. increíble, gracias por compartir

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